Fuga de cerebros a Alemania

EMIGRACION DE UNA BIÓLOGA Y UN INGENIERO A ALEMANIA

Blanca Navidad

Es domingo, once de la mañana, en la calle estamos a cuatro grados bajo cero y desde el sofá veo caer la nieve, suave y despacito, como si fuese azúcar glas.

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Hoy estamos de descanso. Ayer se fueron mis padres de vuelta a España, después de una semana con nosotros, y estamos hechos polvo. Estábamos ya acostumbrados a salir de las clases y meternos en casa a estudiar hasta el día siguiente.Y esta semana no hemos parado apenas en casa, pero ha sido genial. Han caído las primeras nevadas y hemos estado recorriendo todos los mercados navideños que hay en Berlín y Potsdam. Para el que le guste la Navidad, este país es un paraíso. En los mercadillos navideños hay un ambiente muy agradable; huele a vino caliente (Glühwein), almendras garrapiñadas, crepés de compota de manzana y canela, salchichas y buñuelos de queso quark. Es algo que hay que ver, al menos una vez en la vida.

Ya queda poco para las vacaciones en Málaga. Y ahora es cuando hacemos balance de lo que hemos hecho en estos seis meses en Alemania. Cuando llegué no era capaz de entender ni una palabra de alemán y mucho menos de hablar. Me vuelvo a España hablando y entendiendo algo. Por supuesto cometo muchos errores gramaticales y necesito más vocabulario, pero creo que me han cundido estos seis meses. El alemán es un idioma que cuanto más lo estudias más difíciles lo ves, “solo sé que no sé nada”. Pero reconforta ver los resultados de tantas horas de estudio. El otro día invitamos a cenar a los padres de mi amiga Claudi, la que nos presentó a la familia de la granja. Conocí a Claudi y a sus padres en 2006. Pasé mi último fin de semana en Alemania, en casa de sus padres haciendo galletas navideñas. Recuerdo que no podía comunicarme con su madre, porque con Claudi hablaba en español o en inglés y los padres no hablaban ninguno de los dos idiomas, solo alemán. Así que nos comunicábamos por gestos y a través de Claudi. El martes pasado, reviviendo una cena con ellos y con mis padres, me di cuenta del gran cambio que había dado. Era capaz no solo de comunicarme con ellos sino de servir de traductora de mis padres. Estos momentos compensan los meses de estudio.

Después de seis meses, nos volvemos con muy buenos recuerdos, tanto de la granja como de estos dos meses en Berlín. Hemos conocido a gente encantadora, que nos han ayudado siempre que han podido y con quienes esperamos mantener el contacto. Ahora toca planificar la vuelta a Alemania en enero o quizá a Austria, el tiempo lo dirá. Y mientras tanto comernos toda la comida que nos han traído mis padres: lomo en manteca casero, boquerones en vinagre, quesito García Vaquero de la madre de Paco, granadas de mi jardín, aguacates y naranjas del campo de la amiga de mi madre, borrachuelos de batata, rosquillos de anís, pan de higo, turrón, nueces de Málaga, jamón ibérico, aceitunas gordal, Cola Cao, etc. una maleta llena de los mejores manjares de nuestra tierra. Esta semana, nos preparó mi madre una noche rosada a la plancha con ensalada de guarnición …. que delicia. Hacía meses que no tomábamos un buen pescado. Otro día nos preparó una paella que nos supo a gloria, con una ensalada de lechuga, queso y granada. Anoche me tomé la granada que sobró y estaba deliciosa.

En fin, que mientras mis padres probaban la gastronomía alemana, nosotros disfrutábamos de la gastronomía española en todo su esplendor. Ambas son muy ricas y variadas pero la española nos tira más. Aunque la alemana, nos ha sorprendido. Desde fuera siempre se dice que lo tradicional en Alemania son las salchichas y los kebab. Pero Alemania tiene mucho más. En la granja, tuvimos la suerte de probar la cocina casera alemana. ¿Os acordáis de G, la madre de A, que cocinaba en la granja y que hacía las mejores tartas del mundo? Pues gracias a ella hemos probado muchísimos platos típicos del día a día en una familia alemana. Y es que no es lo mismo probar las cosas en un restaurante, que los platos preparados de forma casera. Para refrescar la memoria solo hay que volver a echar un vistazo a las entradas antiguas del blog, donde fui colgando las fotos de muchos de los platos típicos. Aquí hemos probado el mejor puré de patata del mundo y la compota de manzana más suave; la mejor tarta de chocolate y la sopa de jenjibre y pollo.

Mañana comenzamos la segunda semana del curso de alemán en diciembre. Paco está haciendo ya un B2.2 y yo el B1.1. Esto se complica cada día más, con nuevo vocabulario y más verbos irregulares que memorizar. Y lo difícil del vocabulario es que muchas de las palabras empiezan por “sch”. Si cogéis un diccionario de alemán y os fijáis en el apartado de la S, os daréis cuenta de que ocupa muchas más páginas que el resto de las letras. Cuando empiezas a estudiar alemán es cuando te das cuenta realmente de lo fácil que es el inglés. Siempre nos lo habían dicho pero nunca había visto hasta que punto es eso cierto. El alemán se parece al español en cuanto a dificultad, creo que están igualados. Ambos conjugan los verbos con una forma diferente para cada persona (yo como, tu comes – ich esse, du isst), modifican el adjetivo y el artículo que acompaña al nombre (la manzana roja, las manzanas rojas – der rote Apfel, die roten Äpfel), y además, lo que es femenino es español no tiene por qué serlo en alemán, y viceversa; por ejemplo, en alemán, manzana, luna, silla y mesa son nombres masculino; mientras que sol, tomate y tenedor son nombres femeninos. Y por si no estábamos ya suficientemente liados, encima nos encontramos con un artículo más, el artículo neutro. Así que tenemos “der” (el), “die” (la) y “das” (el artículo neutro). Pero encima estos artículos cambian de forma según si el nombre actúa como complemento directo (acusativo) o como complemento indirecto (dativo). El resultado es un cacao mental enorme que te obliga a hablar a la velocidad de un caracol.

Después de esta perorata de alemán, voy a ver si me pongo a estudiar un poco hoy, que mañana viene por ahí. Con un poco de suerte mañana tendré las fotos de la cámara de mi madre, y os cuento como ha sido esta semana con ellos. Abrigaros y que paséis un buen domingo de Adviento.

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4 comentarios el “Blanca Navidad

  1. mama
    9 de diciembre de 2012

    hoy he comido al sol y me sobraba la chaqueta y el jersey igualito que alli que te tirabas media hora quitandote capas de cebolla .

  2. ana
    10 de diciembre de 2012

    PATRI,aunque no escriba me acuerdo mucho de tí, que paseis una Feliz Navidad, aye me he subido al tren con mi niña quién me lo iba a decir hace un año.
    No la conoces, camina desde los diez meses.
    Un besín grande para los dos

  3. Juan José
    20 de febrero de 2013

    Un saludo Patricia. Me alegra saber que te van las cosas bien. Me encanta tu blog. 🙂

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Esta entrada fue publicada en 9 de diciembre de 2012 por en En Alemania y etiquetada con , , , .
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