Fuga de cerebros a Alemania

EMIGRACION DE UNA BIÓLOGA Y UN INGENIERO A ALEMANIA

Hay dos tipos de emigrantes

Buenos días a aquellos que se despiertan a 22 graditos y día soleado. Por aquí en Austria el sol ha decidido no salir hoy, así que nos ha dejado solos, a 12 grados y con el calabobos constante.

Después de la semana de visita de mis padres y de mi semana en España, la vuelta al exilio se hace un poco difícil. Esto es tierra de oportunidades, el nuevo “Sueño Americano”, pero hace falta mucha fuerza de voluntad para llegar a verlo desde esa perspectiva. La vuelta de vacaciones me ha dejado un poco floja durante algunos días, eso explica mi ausencia en el blog. Pero Patri a vuelto a resurgir 🙂 ha vuelto a pegarse los madrugones de 6.30 de la mañana y ha sacado del cajón su agenda. Lápiz en mano, me dispongo a comenzar, esta vez en serio, mi búsqueda de empleo en Austria.

Esta mañana, he leído un texto muy curiosos que quería compartir con vosotros. Plasma de forma muy clara algunas sensaciones que experimentamos los emigrantes.

Al llegar conocí a un chico que llevaba en Berlín varios años y que siempre se rodeaba de españoles. Le pregunté por su integración y me dijo una frase que no olvidaré: “Yo estoy ya en fase de desintegración”. Con el tiempo he comprendido que aquel chico sabía de lo que hablaba.

Cuando llegué a Alemania mi preocupación era integrarme. Quería aprender el idioma, hacer amigos alemanes y no juntarme con españoles. Con el paso de los años, el idealismo inicial fue sustituido por la cruda realidad. Para los mortales como yo, hablar alemán perfectamente es una tarea que lleva toda una vida. Los alemanes no son tan sociales como los españoles y su amistad se “vende” más cara. En principio relacionarme con españoles fue una necesidad, para no tener que quedarme los fines de semana en casa.

Pese a las dificultades, mi integración ha ido progresando adecuadamente. Mi alemán no es perfecto pero es suficiente para comunicarme sin ayuda de la mímica y al menos tengo tres o cuatro buenos amigos alemanes.

Lo que no he conseguido aún es no sentirme español en Alemania. Que nadie me malinterprete, no hablo de discriminación. Me refiero a que hay veces que me apetece juntarme con gente que entienda mi humor absurdo sin necesidad de aclaraciones. A veces deseo tener una conversación insustancial o quiero dejarme llevar en una noche de copas y risas donde no haya que planear más que “dónde tomamos la siguiente”. Esto, por norma general, funciona mejor con los sureuropeos que con los alemanes. Me temo que también yo he llegado a la fase de desintegración, que no es más que la búsqueda de la propia identidad en el país ajeno.

Pero aquí no acaba la cosa. Desde que vivo en Alemania me siento raro también en España. Mi familia dice que me estoy alemanizando porque me molestan los gritos de la gente por las abarrotadas calles de Madrid. He dejado de preocuparme por si me roban el móvil o la cartera. No trato de colarme en el supermercado y me molesta cuando alguien lo hace. Involuntariamente he empezado a pensar que la gente respetará las reglas. Y es que, aunque tiene inconvenientes, la cultura alemana también tiene grandes ventajas. […]

Algo que defiendo siempre de Alemania es el tratamiento de los casos de corrupción. Cuento a mis amigos que el Ministro de Defensa Karl-Theodor zu Guttenberg dimitió al demostrarse que había copiado algunos párrafos en su tesis doctoral. O que Christian Wulff, presidente de la república, dejó su cargo por unos supuestos créditos obtenidos en condiciones ventajosas. Mis amigos me miran incrédulos. Sospecho que no me creen.

En España lo de la corrupción es diferente. Recientemente se ha descubierto que la cúpula del partido en la presidencia habría recibido dinero negro de importantes empresarios a cambio de decisiones políticas desde 1990. El escándalo está perfectamente documentado por el extesorero del partido. El presidente del Gobierno despacha el asunto con un “Todo es falso, salvo alguna cosa”, mientras manda mensajes de texto al señor en cuestión diciéndole “Ánimo Luis, sé fuerte. Hacemos lo que podemos. Un abrazo”. Y ya está.

En mitad del crudo invierno alemán suelo pensar en regresar junto al calor de mi familia pero, cuando me doy cuenta de que tendría que convivir a diario con ese podrido sistema, siempre acabo posponiendo la vuelta un par de años más.

Diego Ruiz del Árbol (gestiona el portal Berlunes.com)

Fuente:

http://internacional.elpais.com/internacional/2013/09/09/actualidad/

1378725116_819633.html

Aún no sé muy bien si opino como Diego o no. Hay días en los que me indigna la situación en la que estamos, me avergüenza que España sea vista a los ojos de los norte-europeos como un país tercermundista. En un par de ocasiones me ha dado reparo decir que soy española, no por mí sino por no seguir echando más tierra sobre la “marca España”.  Esos días en los que veo la cantidad de ayudas sociales que se dan aquí y veo que la gente no busca trabajo sino que lo elige, esos días me planteo si volver a España algún día o no. Otros días, cuando enciendo el ordenador y en mi pantalla de inicio del explorador el señor Google me muestra el mapa del tiempo en España y en Austria, seriamente pienso que no sé si seré capaz de sobrevivir a este clima. Mis migrañas me agradecen que no haya tanto sol pero mi piel me pide ese calor chisporreante del sol tocándola. Esos días en los que el Skype no es suficiente, la pantalla del ordenador no te deja sentir el calor familiar y  te das cuenta que no estás donde se te necesita, esos días definitivamente pienso en ponerme una fecha tope.

Pero no todos los emigrantes son tan polares como yo, o al menos en apariencia. Los hay que vienen para un par de años, para ahorrar y volverse a España. Estos son generalmente los que tienen alguna opción laboral allí, por mal pagada que sea. Otros, no sé si son la mayoría, asumen que pasarán aquí una buena temporada y ponen más hincapié en asimilar las costumbres locales y su idioma. Algunos son hombres solteros (por aquello de que hay mucho ingeniero por aquí y la ingeniería aún tiene mayoría masculina en España), otros vienen como Paco, emparejado desde España. En el segundo caso, son normalmente las “novias de” quienes mejor aprenden el alemán (como diría nuestro amigo Juan), ya que generalmente vienen como yo, sin trabajo y con tiempo para perfeccionar el idioma antes de encontrar empleo. Realmente creo que si fuese psicóloga o socióloga  me parecería muy interesante estudiar lo que está pasando aquí y ahora. Se ve que aún asoma de vez en cuando mi parte científica 😀

Pues hasta aquí llego hoy. Voy a ponerme ya con mis tareas. Un abrazo a todos.

 

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Un comentario el “Hay dos tipos de emigrantes

  1. carolina respondiendo a miguel
    24 de diciembre de 2013

    En Alemania también hay mucha corrupción sin que pase nada, que no te vendan la moto:
    -El Deutsche Bank, entre otros, pactó la subida de tipos de interés como el Euríbor, lo cual perjudicó a los países donde es tradicional comprar la vivienda en lugar de alquilarla.
    http://www.24-horas.mx/multan-a-deutsche-bank-por-manipulacion
    Ha dimitido alguien? NOOO
    -La corrupción policial en los asesinatos de Bosphorus, llamados por la “seria y no racista” prensa alemana “Döner-Morder”
    Dimitió alguién? Sí- pero que no te engañen, cuando dimiten lo hacen para evitar más pesquisas

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Información

Esta entrada fue publicada el 12 de septiembre de 2013 por en En Austria.
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